Estelas en la mar

De: mateocabello

09 13 pm

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Categoría: Uncategorized

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Apertura:f/5.6
Distancia focal:55 mm
ISO:100
Obturación:1/1250 segundos
Cámara:Canon EOS 350D DIGITAL

Caminante, no hay camino,
sino estelas en la mar.

Diré por anticipado que la foto no es un autorretrato – yo no soy el de la capucha azul.

Pero la foto me viene como anillo al dedo para un pequeño mea culpa de sábado por la noche sin mucho sueño. Si, es cierto: a veces he mirado demasiado hacia atrás y no sufientemente hacia adelante. En el fondo, todos los hacemos de vez en cuando: en el pasado siempre es fácil encontrar un espacio, un tiempo en el que fuimos felices y las cosas eran simples, en el que los sueños se podían tocar con las yemas de los dedos. Uno busca y siempre puede encontrar cobijo, refugio, calor, seguridad en el pasado.

Pero todo ellas sensaciones ficticias, irreales. Un guiño suicida de nuestra imaginación, un truco. Un albúm de fotos en blanco y negro que por mucho que nos empeñemos nunca más ha de volver. Todo tiempo pasado fue peor.

Y el futuro, pues si, el puñetero está lleno de incertidumbres, de riesgos, de muchas cosas que pueden salir mal… pero también está repleto de posibilidades, de cosas por hacer, de sitios a los que viajar y de libros nuevos por leer. De besos que dar y abrazos por recibir. De tardes sentado al sol y caricias de mis gatos. De comidas diferentes, de sabores especiales, con los amigos, con la familia, con la mujer o el hombre al que amas, con los hijos o sin hijos. Pero siempre de cosas nuevas. Todo eso habita en el futuro, nos espera a la vuelta de la esquina. Es inevitable mirar hacia atrás… pero mirar atrás no debe nunca ser obstáculo para vivir intensamente el ahora, que en el fondo no es más que el prólogo del mañana…

La otra reflexión de este sábado por la noche sin sueño es lo que me gustan a mi los barcos y los trenes. Como ya he dicho en alguna ocasión, yo tengo alma de viajero antiguo: de cuando los viajes duraban semanas y uno tenía tiempo para aprender cómo era el color del horizonte al que uno se dirigía, o los olores y frangancias del camino. Me paso la vida en aeropuertos impersonales y fríos como salas de hospitales y consultas de dentistas, cuando a mi lo que me gusta es el bullicio de los puertos, el ruido de los trenes, los olores de los mercados alrededor de las estaciones… Me subo a un barco, aunque sea para cinco o seis horas, como en el de la foto, y soy el tío más féliz del mundo…

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