De los Apeninos (o casi) a los Andes

De: mateocabello

02 08 pm

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Categoría: Fotografía

2 comentarios

Apertura:f/5.6
Distancia focal:55 mm
ISO:100
Obturación:1/250 segundos
Cámara:Canon EOS 350D DIGITAL

Creo que nadie de mi generación (aquellos que rondamos los cuarenta, por arriba o por abajo) tiene un buen recuerdo de Marco, la odiosa y lacrimógena serie de dibujos animados donde un niño que más bien parecía una drama-queen, se paseaba arriba y abajo por toda América Latina, con un mono en el hombro, buscando a su madre, mientras le pasaban desgracias una detrás de otra. Cosa mala, la verdad…

Viene esto a colación porque este mes de agosto, justo a los tres días de volver de las vacaciones con la mochila en los Alpes, estaba metido en un avión con destino a los Andes, a Bolivia, por cuestiones de trabajo. Aquellos que me conocen saben que amo Bolivia profundamente. Viví en ella entre el 2000 y el 2003. Allí aprendí mil cosas de la vida, de mi mismo y de mi profesión. Tuve experiencias maravillosas e hice grandes amigos, a la mayoría de los cuales todavía conservo.

También vi de cerca la miseria más absoluta: esa bofetada de realidad cotidiana que hace que nunca vuelvas a ver el mundo de la misma manera; que te des cuenta de lo privilegiado que eres. Cosas que nunca se olvidan. Como los niños de 7 ú 8 años que, en La Paz, a la salida del cine, a las 11 de la noche, esperaban en la puerta, a la salida, no para pedirte dinero, sino simplemente para que les regalaras lo poco que te había quedado de tu coca-cola. Ni siquiera una coca-cola entera, sino lo que te había sobrado a ti… Cosas que, ya digo, nunca jamás se olvidan…

Me fui de Bolivia en mayo del 2003 y a pesar de mis muchas ganas de volver, la vida no me había llevado allí todavía. Hasta 10 años más tarde. Volver a La Paz fue como volver a casa. Más emocionante incluso que volver a casa. Recuerdo que la vista de El Alto desde el avión, con los techos de hojalata de las casita brillando al sol, me impresionó como la primera vez. Me emocioné tanto con mi regreso que hasta los ojos se me humedecieron cuando estábamos aterrizando.

Los días, apenas cinco, pasaron volando. Vi a viejos amigos y paseé todo lo que el trabajo me dejó. Siempre con los ojos bien abiertos, porque era consciente de que, habiendo tardado 10 años en volver, era imposible saber cuando tendría la oportunidad de volver a hacerlo. O incluso si esa oportunidad volvería a presentarse alguna vez más en mi vida. Así que abrí los ojos todo lo que pude e intenté llevarme puesto en mis sentidos todo lo que pudiera de La Paz y Bolivia. Paseé por el Prado, por la Zona Sur, por la Uyustus, respirando el delgado aire, huérfano de oxígeno de los 4000 metros de altitud de la ciudad. Y allí donde miraba estaba el Illimani, con sus seis mil y pico metros de altura, majestuoso, surreal, espléndido… Tan extraordinario como lo recordaba…

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2 comentarios el “De los Apeninos (o casi) a los Andes”

  1. Una ciudad como la Paz es única…y esta foto también .

  2. Fue un gusto tenerte por aqui, Mateo. Y doy fe de la emocion que describes en el texto…todos la vimos!

    Abrazo

    Cesar


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