El viejo tranvía

De: mateocabello

07 21 am

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Categoría: Fotografía

2 comentarios

Apertura:f/5
Distancia focal:18 mm
ISO:1600
Obturación:1/12 segundos
Cámara:Canon EOS 350D DIGITAL

Recuerdo que cuando era yo muy pequeño (tendría yo 5 o 6 años) oí hablar en mi casa de como iban a “quitar los tranvías en Granada”. Era una conversación entre mis padres, que lo comentaban con una mezcla de asombro y pena. Y es para ellos,  así como para muchos otros de su generacíon criados en los años 40 y 50 en una época en la que apenas había coches, los tranvías eran algo tan cotidiano como querido.

Pero el progreso no se detenía por sentimentalismos, y efectivamente, a finales de los 70, quitaron los tranvías de Granada. Había que hacer espacio al coche, que ya comenzaba a imponer su dictadura absoluta, y el tranvía era un obstáculo. Así que levantaron los adoquines (debajo de los cuales no apareció playa alguna, por cierto), los railes y pavimentaron las calles. Y del tranvía de Granada no quedó rastro, salvo una esquinita entre la calle de las Tablas y Alhondiga que todavía alberga un trocito de rail – y otro trocito de rail al final de San Antón con Alhamar, donde acababa la línea y la calle.

Yo no tengo memoría del tranvía en Granada. Pero de tanto oir hablar de ellos en casa, yo también cogiéndoles cariño. Por eso me gusta que, muchos años después, casi 35, decidieran devolver el tranvía a las calles de mi ciudad – calles de las que nunca debió irse.

Y quizás por eso le tenga yo tantísimo cariño a ciudades como Lisboa, en donde ningún político con aires de modernidad tuvo jamás la osadía de cuestionar el valor de los viejos tranvías. Y allí siguen, como siempre, pintados de amarillo (los amarelos), arriba y abajo, abajo y arriba, con ese aroma medio decandente, de barrio antiguo, ahora convertidos en el símbolo de la ciudad.

Es por ello que la mejor forma de acabar esta entrada es con “Un poema con tranvías”, de Fernando Sarría, que me encanta:

Hay calles de nombres olvidados

por donde todavía siguen esperando a los tranvías,

raíles donde los años se aposentan

en un orín doloroso

de días lluviosos en octubre

y fríos del todavía gélido febrero.

Así y todo las arrugas del tiempo

saben darles esa patina de todo lo pequeño,

tiendas diminutas cuando fueron de inolvidables sueños,

casas de barbero donde ahora hay locutorios,

el zapatero, el sastre, el vendedor de ultramarinos

todos perdidos entre la jubilación y el abandono,

bares y cafés que habitan en los traspasos

pero que guardan la barra alta, las mesas de mármol

y ese espejo antiguo por donde fuimos creciendo.

Hay calles cruzándote la vida,

con su olor de horno, a pan y a magdalenas,

a sardinas rancias en sus cubos

al olor a fragancia de una vecina,

y esos pasos, las huellas de un niño

y de tantos que desaparecieron

siempre esperando….

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2 comentarios el “El viejo tranvía”

  1. madre mía, qué bonito, herma

  2. Los Reyes Magos llegaban a Dúrcal en tranvía .Los niños los iban a esperar a la Estación .Muy bonito ,por cierto


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