La Vera Cruz

De: mateocabello

07 11 pm

Etiquetas:,

Categoría: Fotografía

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Apertura:f/5
Distancia focal:200 mm
ISO:100
Obturación:1/800 segundos
Cámara:Canon EOS 350D DIGITAL

Para todos aquellos que hicimos la mili en Ceuta, el ferry a Algeciras era sinónimo de felicidad absoluta. Coger el barco significaba que te ibas a casa de fin de semana, o de permiso, o mejor aún, que te ibas para siempre, con “la blanca” en el bosillo -el certificado de finalización del servicio militar. Coger el ferry a Algeciras era un símbolo de libertad total, de embriagadora y maravillosa libertad.

Yo, sin embargo, me quedaba la mayoría de los fines de semana en Ceuta: Granada quedaba lejos y no me compensaba pasar cuatro o cinco horas de autobús, llegar a las tantas y monas de la madrugada del viernes, pasar 24 horas en casa, y volverme a dar el palizón el domingo de autobús para estar a tiempo en el cuartel por la tarde. Saborear la libertad por unas horas para perderla tan rápido era demasiado cruel. Sin embargo, no lo llevaba mal del todo: me quedaba en Ceuta y hacía deporte, paseaba, leía o iba a la playa en verano. Reconozco, eso si, que muchos viernes por la tarde no era fácil quedarse en el cuartel medio vacío, vestido de verde idiota, y ver como el 80% de los compañeros se iban corriendo para el puerto a coger el ferry, con una sonrisa de oreja a oreja.

El ferry era realmente casi una obsesión, algo enfermizo. Algo que sólo entiende aquel que ha hecho la mili en Ceuta. Así que cuando tras la jura de bandera tuve la primera oportunidad de irme a casa, tras pasar dos meses seguido de vida militar, estaba convencido de que nada ni nadie se interpondría en mi camino. Con lo que no contaba yo era con un temporal de levante de fuerza 6 en el Estrecho, vientos de hasta 100km por hora, y unas olas gigantes. Ante semejante panorama, la mayor parte de los ferries se quedaron amarrados: Ceuta estaba incomunicada y era imposible salir de allí. La desolación de todos los que estábamos esperando para irnos era enorme: caras hasta el suelo por todos lados, y yo con un nudo enorme en el estómago… Muchos se fueron de vuelta al cuartel… pero unos pocos nos quedamos en el puerto, atónitos ante la noticia, como si nos negáramos a aceptar lo evidente, que ningún barco iba a salir ese día. Como si estuviésemos esperando un milagro.

Y el milagro se produjo. Al cabo de un par de horas anunciaron que un ferry iba a salir en 10 minutos, aprovechando que parecía que el temporal había dado una tregua.  Fue el único ferry que salió de Ceuta aquel día, porque a los cinco minutos de dejar el puerto, el temporal empezó a rugir con fuerza de nuevo y las olas se multiplicaron por 15. Para que uno se haga una idea, el trayecto de Ceuta a Algeciras se hace de sur a norte y viceversa. Pero cuando hay temporal de Levante, las olas entran por estribor (derecha) y pueden hacer volcar el barco. Eso pasó aquel día… así que en vez de navegar de sur a norte como siempre, empezamos a navegar hacia el este, hacia el temporal, para pillar las olas de frente y que no hicieran zozobrar el ferry. Las olas eran gigantes, y el barco se hundía en ellas de manera que parecía que no salíamos, para inmediatamente volver a elevarse, quedarse suspendido en el aire, y volver a hundirse en la siguiente ola. Creo que no he pasado tanto miedo en mi vida. Y no fueron 55 minutos, sino casi tres horas y media lo que tardamos en cruzar el Estrecho: fuimos casi hasta enfrente de Fuengirola, más de cien kilómetros más allá de Algeciras, y en una zona más resguardada, el barco viró casi en redondo para poner proa hacia Algeciras, y esta vez navegar con las olas por la popa. De verdad, miedo, miedo, miedo: como pasar tres horas y media subido en una montaña rusa, con la coña añadida de que yo fui todo el rato en cubierta. Allí por lo menos me mareaba menos…

(He encontrado un vídeo donde se ve algo parecido: el barco es de los que hacen la línea Ceuta-Algeciras… pero el día que estoy explicando, las olas eran todavía muchísimo más grandes. (http://www.youtube.com/watch?v=XZT2heFpGME&feature=related)

Cuento todo esto porque el otro día, en Lisboa, enfrente de un Tajo que parecía un espejo, en un día soleado y sin viento, vi el barco de la foto. Un barco antiguo, precioso: la Vera Cruz (http://pt.wikipedia.org/wiki/Caravela_Vera_Cruz), que es una réplica de una carabela portuguesa del siglo XIV o XV. Y me acordé de mi barco en Ceuta. Un barco enorme, con la más moderna tecnología, telecomunicaciones, y lo que uno quiera. Pero me cago en la leche, el miedo que pasé y como se movía el jodido barco. Y se me vinieron a la cabeza los marineros de la antiguedad, ya fueran fenicios, vikingos, o portugueses, metidos en sus cáscaras de nuez, en mitad de una tormenta, a merced del viento y de las olas, en la inmensidad del mar. Y allí, en Lisboa, frente al Tajo, con una coca-cola en la mano y mientras me tomaba una tapita de pulpo pensé que aquellos marineros de otras épocas si que tenían cojones – en toda la extensión de la palabra.

Dedicado a mi amigo Manolo, guripa como yo en Ceuta, al que después de todos estos años le tengo un cariño enorme – aunque el c*** se fuera todos los fines de semana a casa 🙂

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