Apadrina un banco

De: mateocabello

06 12 am

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Categoría: Fotografía

1 comentario

Apertura:f/8
Distancia focal:85 mm
ISO:100
Obturación:1/200 segundos
Cámara:Canon EOS 350D DIGITAL

Los bancos llevan semanas en España en el ojo del huracán mediático. Y es que los pobres lo estaban pasando mal.  Ahora, por fin, se les ha rescatado. Igual que a las ballenas, los linces u otras criaturas en grave peligro de extinción. Porque los bancos, todos lo sabemos, son cositas tiernas y delicadas, que se encuentran solas y desprotegidas en un mundo lleno de peligros y depredadores. Lo raro es que no haya habido una campaña de concienciación pública para que, al igual que uno puede apadrinar a un niño del Tercer Mundo, los ciudadanos de buen corazón puedan apadrinar a un banco.

Pero el título del post y la foto no tiene nada que ver con el sector financiero en España. Apadrinar bancos es algo que lleva años haciéndose en Inglaterra. Y es una práctica que a mi, al menos, me parece preciosa. Uno va caminando por el campo, o por un parque, o por algún lugar bonito de una ciudad, y en el 99% de los bancos donde sentarse hay una placa dedicada a un ser querido. “A la memoria de Margaret, quien me acompañó en mis paseos durante más de sesenta años. Con todo el amor de John”, decía la placa de un banco situado en un camino junto al mar, en la costa del sur de Gales. O esa otra en un parque de Londres que dice “Para el abuelito Tim y la yaya Elaine, con el amor de todos sus nietos”. O como la de la foto, en un banco en una colina sobre el lago más bonito del Lake District, dedicada a un padre y a un hijo, y tras la que se adivina una muerte demasiado prematura. Mi favorita, sin embargo, está en un banco junto al Pulteney Bridge, en Bath y en ella está escrito, simplemente “Jamás podré olvidarte”. Así, sin más.

La mayoría de las placas son conmovedoras y me parece una forma fantástica de recordar a un ser querido: infinitamente mejor que ir a un cementerio, que en la mayoría de los casos son terriblemente deprimentes.  Y no sólo es una forma de recordarlo tu mismo, sino que también tienes la certeza de que la mayoría de la gente que se siente en el banco le dedicará unos segundos a leer la placa. Yo, por lo menos, lo hago siempre – me gusta pensar en los nombres de la placas y sonrío siempre al pensar en los rastros de amor (ese par de viejecitos, Margaret y John, paseando cogidos de la mano, junto al mar…) que esas personas fueron dejando por la vida y que se encuentran allí, plasmados en el precioso gesto de apadrinar un banco.

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Un comentario el “Apadrina un banco”

  1. Muy emocionante…


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