Familia feliz vs familia no feliz

De: mateocabello

05 25 am

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Categoría: Fotografía

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Apertura:f/8
Distancia focal:34 mm
ISO:200
Obturación:1/125 segundos
Cámara:Canon EOS 350D DIGITAL

El sábado, en Londres, y en el espacio de apenas media hora, tuve la oportunidad de ser testigo de uno de los mayores contrastes familiares que he visto nunca. Intentaré explicarlo de la mejor manera:

La familia A estaba en Oxford Street y se estaba bajando de un taxi. Un padre, una madre y cuatro hijos (un par de niñas y un par de niños) de entre 3 y 9 años más o menos. Todos muy bien vestidos y muy conjuntados. La madre era especialmente guapa y elegante, muy alta. Mientras el padre pagaba el taxi, los niños se quedaron con la madre y empezaron, como es normal entre niños que han estado un buen rato encerrados dentro de un taxi sin apenas moverse, a alborotar un poquito. Nada apenas. Lo que me llamó la atención fue el gesto de ella: miró a los niños y sin decir nada volvió la mirada hacia arriba y resopló. Resopló con desgana y hartazgo. Con cara de “estoy hasta los cojones de todos y todo, y eso que es  sábado y sólo son las 11 de la mañana”.  En serio, la cara era un poema, un “lo que daría yo ahora mismo por salir corriendo y no parar hasta perderos a todos de vista”.  Cuando el padre acabó de pagar el taxi, los niños se fueron con el, los cuatro, por delante, y la madre los siguió caminando, media metro detrás, sola…

La familia B es la de la foto, y los vimos en el Southbank, un poco más tarde. Un matrimonio mixto – el inglés, ella oriental, y las dos niñas de la foto, una más pequeñita, de dos o tres añitos, y la otra de 7 ú 8. Se sentaron enfrente nuestra, y durante los diez minutos que estuvieron allí no dejaron ni por un segundo de jugar entre ellos, de reirse, de intercambiar gestos de complicidad y cariño. Un espectáculo maravilloso, digno de verse. Uno de los juegos que tenían es que la niña pequeña hacía un gesto, y los padres la imitaban. La mayor hacía fotos, la pequeña ponía caras traviesas, y los padres se morían de risa.

Con todo esto no digo que la vida de la familia A sea un infierno (o más concretamente de la madre de la familia A, porque el padre parecía bastante contento) ni que la vida de la familia B sea un jardín de rosas. Simplemente me limito a contar lo que vi: el contraste entre la forma en que unos y otros estaban disfrutando el sábado no podía ser más grande!

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