La vida en el más allá (I)

De: mateocabello

11 15 pm

Etiquetas:, , ,

Categoría: Fotografía

4 comentarios

Apertura:f/4
Distancia focal:75 mm
ISO:200
Obturación:1/80 segundos
Cámara:Canon EOS 350D DIGITAL

Comentaba en el post anterior la enorme curiosidad que me genera el más allá en Estados Unidos, entendiendo como tal la América rural y profunda, la que está lejos de las luces de Times Square o del resplandor de la Casa Blanca y que normalemente el turista nunca llega a conocer.

Sin embargo, en el mismo Nueva York o en Washingtons también hay otros más allá, barrios que son no-go areas, donde el esplendor y el lujo del centro se vuelve depresión, pobreza y oscuridad. Supongo que en todas partes hay otros más allá. En Granada, mi ciudad, sin ir más lejos, hay un barrio que se llama Almanjayar. Zona conflictiva donde las haya, sacudida por la droga, la violencia y la marginalidad. Una tía mía fue maestra allí muchos años y me decía que la gente del barrio, cuando le preguntabas que donde vivían, en vez de decir Almanjayar, decían algo así como Maj Jayá, en el sentido de más allá. Y mi amiga Elena, quien vivió su buena temporada en San Salvador, me comentaba lo mismo:  que los habitantes de Masaya, que también era una no-go area, también le cambiaban la entonación al nombre del barrio para decir que eran del Más Allá.

De todas formas, el Más Allá del que quería hablar hoy es más cotidiano, pero igual de marginal y duro. Me refiero al más allá individual en el que malviven algunas personas –los desposeídos de la sociedad, los que se han quedado al margen de la vida diaria.

Mendigos y homeless hay en todas partes. En Granada, en Oxford, en Suiza… hasta en El Vaticano me imagino que habrá unos cuantos. Sin embargo, los mendigos en Estados Unidos me impresionan muy profundamente, más que los de cualquier otro sitio. No sé por qué, pero me dan una sensación de mayor marginalidad aún, de mayor abandono, de soledad absoluta. La versión de homeless que me impacta
más son aquellos que ves arrastrando un carrito de supermercado, con todas sus posesiones dentro. Son gente que en muchísimos
casos tienen problemas mentales,  de demencia, de depresiones, de adicciones, y es imposible saber qué fue primero. Si la enfermedad, y por ello acabaron en la calle, o si la calle acrecentó la enfermedad.

Estos días en Washington y Nueva York me he preguntado qué será de ellos cuando el frío llegue de verdad. Como harán para sobrevivir otro invierno más. Donde se refugiarán.

Por cierto, tengo que decir que nunca antes había hecho este tipo de fotos. Nunca. Siempre me pareció que era, de una forma u otra, como violar la intimidad de estas personas. Sin embargo, en este viaje no he querido pasar de largo. No podía mirar para otro lado. No he tomado las fotos ni las pongo aquí por curiosidad morbosa. No. Es algo que tiene que ver con querer mostrar la realidad tal y como es. Las tres fotos de esta serie están tomadas en sitios emblemáticos de Nueva York y Washington: la primera en Bryant Park, en la Quinta Avenida, al lado de la Public Library de Nueva York, un edificio majestuoso. La segunda, enfrente justo de la Casa Blanca. La tercera, en Times Square. Había miles de turistas alrededor en cada uno de los casos, la mayoría haciendo también fotos. La mayoría tratando de captar imágenes bonitas, de luces brillantes, de monumentos. Y la mayoría ignorando por completo a los mendigos de turno, como si fueran invisibles, como si fueran no personas, como si realmente estuvieran en el más allá, en un dimensión lejana.

Tratamos de ignorar lo que es feo, desagradable, como si mirando para otro lado pudiésemos borrar la realidad que no queremos ver. Y no nos damos cuenta que esos mendigos fueron un día gente “normal”, con un trabajo, su casa, sus sueños. Nadie aspira a ser un mendigo cuando se es mayor. Es siempre un accidente. Viendo a esta gente, fijándome en sus miradas perdidas, o en sus ropas sucias y mugrientas, no podía dejar de pensar en qué momento de sus vidas se torció todo, y no podía dejar de pensar que cuando las cosas empezaron a ir mal, no tuvieron a quien acudir para que les echara una mano. Eso, en el fondo, es lo peor de todo. La soledad de esta gente. Eso es lo que más impresiona con diferencia.

La señora de la foto, por ejemplo, iba completamente sola, envuelta en esos harapos, mirando al suelo. Sin hablar. Sin buscar nada. La expresión perdida de quien no ve nada, y simplemente camina. Pasó a mi lado, y ni siquiera hizo un pequeño gesto de advertir mi presencia. Como si fuera un espectro…

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4 comentarios el “La vida en el más allá (I)”

  1. He vuelto a ver todas tus fotos, desde la primera hasta ésta.
    Hay tres que me gustan especialmente y ésta es una de ellas. Creo que es mi favorita. Me ha impresionado. También recuerdo una de un guía de montaña y la del florista leyendo el períodico. Creo que la gente se te da muy bien. Mejor que en la vida real ????
    :´)

    Besos. Sigue, sigue…

  2. Gran foto, para variar. No te pierdas “Winter´s bone” si aún quieres ir más allá en la visión de la Norte América profunda…

  3. Sí es la desolación personificada. Y comprendo tu fascinación por estas personas que nos ponen frente a la realidad de un mundo injusto. Precisamente en el país más rico (al menos hasta ahora) resulta más hiriente la presencia de estos seres humanos que son como la denuncia viva del fracaso de un sistema económico (el capitalismo), capaz de generar tanto sufrimiento.

  4. Sí, esta imagen es una de tus mejores. No es que uno ignore que no estén allí, los espectros de la pobreza y la desigualdad, digo. Pero les has dado un matiz más (o equivalente al real) fantasmal. El airelibrismo optimista y voluntarioso que te señalé hace unos minutos con relación a otra imagen, aquí congenia con lo cruel (dicho como cualidad y virtud, y no como calificativo de rechazo). Esto es un trabajo más profundo. Considerable en integridad. El sin techo parece un personaje de narrativa fantástica. El contraste del blanco y negro lo confirma o lo construye en su fantasmabilidad. Es fantasmático. El espacio continúa en tus fotos, como ésta, que me parece de las de calidad, te repito. El espacio está igual, aquí en el camino que el fantasma negro ha recorrido, a lo largo o través de esas sillas vacías. Casi diría que no parece una persona en estado o situación de calle, sin techo. Parece alguien extraño, o siniestro, desolado claro, que se pasea por las calles diurnas. Zombi o vampírico. Los anteojos oscuros hablan de rechazo a la luz. Bueno, este mundo desigual, demasiado, y siniestro, está repleto de fantasmas y apariciones. Hay que saberlos ver, solamente. Aquí abundan, y eso que este es un buen momento en estas tierras.
    Amílcar Moretti
    Argentina. La Plata (60 kms. de Buenos Aires)
    blog Erótica de la Cultura
    http://amilcar.wordpress.com
    (blog hijo (circunstancial, primero y luego casi diario,de la página web
    http://www.moretticulturaeros.com.ar


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