Por si acaso…

De: mateocabello

10 30 pm

Categoría: Fotografía

1 comentario

Apertura:f/8
Distancia focal:290 mm
ISO:200
Obturación:1/80 segundos
Cámara:Canon EOS 350D DIGITAL

Entre 1998 y el 2000 trabajé como Jefe de Proyectos de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado. Como tal, realicé una misión corta (poquito menos de tres semanas) en Kosovo, en julio del 99, justo un mes después de que acabase la guerra. Estuve en la región de Istok, donde operaba el contingente de la Legión Española que formaba parte de la misión de la OTAN. Mi trabajo era preparar un informe sobre los daños en infraestructuras en la región para empezar la reconstrucción del país lo antes posible. Me acompañaba un ingeniero civil. Dado que la misión era oficial, pusieron a nuestra disposición una escolta militar para movernos por la zona y a todos sitios nos acompañaban cuatro legionarios.  El trabajo tenía sus peligros: el desminado del área de Istok no estaba acabado y había el riesgo real de pisar una mina. Y nosotros de paseo por todos lados, examinando puentes, centrales eléctricas, torres de alta tensión, presas y depósitos de agua y cosas así. La norma número uno para evitar problemas era no dejar el asfalto si no era estrictamente necesario. Si te entraban ganas de mear, meabas desde la carretera.  Y la segunda regla era que si uno tenía que pisar por tierra, se hacía siempre en terreno que estuviera ya pisado. Y si no estaba pisado, se andaba en fila, pisando donde pisaba el de delante, que siempre era un legionario…

Nos alojábamos en el cuartel que la Legión había montado en una serrería, en una tienda de campaña que compartíamos con los médicos del Escalón Médico Avanzado Terrestre que habían llevado a Kosovo para participar en la realización de autopsias. Por las tardes, al acabar las tareas del día,  todos los que compartíamos la tienda nos solíamos sentar fuera a leer, a tomar notas, o a charlar, o simplemente a no hacer nada. Todos menos uno de los médicos, un Comandante, que desde el día que llegó (llegó en el mismo vuelo con nosotros) hasta que nos fuimos no dejó de ir ni un solo día a pescar. El tío agarraba un jeep, montaba en él su equipo (cinco o seis cañas de pescar, toneladas de cajas con cebos y porquería por el estilo) y a veces no volvía hasta la mañana siguiente. Era,literalmente, un enfermo de la pesca.  Se recorría todo Kosovo buscando buenos lugares para pescar, sin importarle si le podían pegar un tiro, si podía pisar una mina anti-tanque con el jeep, o si los mandos le metían un paquete por imprudente y loco. Todos, todos los santos días, a eso de las 5-6 de la tarde, se iba a pescar. Con un par…

Yo siempre había pensado, cuando era más pequeño y veía fascículos de pesca anunciados en la tele, que quién coño estaría lo suficientemente flipado con la pesca como para comprar esas cosas. Pues bien, había tenido que ir a Kosovo, a una guerra, para conocer a uno de ellos… (comentando esta anécdota con los amigos de Granada, me enteré que uno de mis compañeros del equipo de baloncesto, un tío de putísima madre, se pasaba las horas practicando con diferentes tipos de anzuelos y cebos en la piscina de su casa… ahí me di cuenta que lo de la pesca es más generalizado de lo que yo pensaba, y que realmente engancha…)

Esto lo cuento porque ayer hacía un día de sol fantástico en Londres. Buenísimo, con una luz estupenda. El día en teoría donde llevar un trípode para la cámara es menos necesario. Y sin embargo yo llevaba un par de semanas fastidiado porque muchas de mis fotos salen más movidas de lo que me gustaría. Así que ayer decidí echar el trípode, por si acaso se me cruzaba una foto que lo necesitara. Igual que el Comandante médico, que iba con sus cañas a todos lados, por si acaso se le cruzaba un buen río truchero en su camino…

Todo el día cargué con el jodido trípode. Y no es que pese mucho… pero bastante molesto si que es. Todo el día lo miré de reojo como diciendo “jodido trasto… quien me mandaría a mi…” Hasta que a eso de media tarde, llegué a un sitio con un estanque lleno de nenúfares. La mejor, la más bonita de las flores quedaba como a unos cinco metros, en una zona en penumbra. Intenté sacarla varias veces a pulso, pero no había manera de que no saliera movida. Hasta que al final, equiliquá!!!! Saqué el trípode de la funda, y en un plis-plas… aquí está el resultado… Obvia decir que a partir de ahora, cada vez que saque la cámara, el trípode viene conmigo también… por si acaso…

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Un comentario el “Por si acaso…”

  1. Está preciosa. Y me ha gustado el texto.


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