Berrinche en el campo

De: mateocabello

10 07 am

Etiquetas:, ,

Categoría: Fotografía

2 comentarios

Apertura:f/16
Distancia focal:300 mm
ISO:200
Obturación:1/100 segundos
Cámara:Canon EOS 350D DIGITAL

Cuando salimos a caminar Marián y yo nos solemos fijar mucho en los matrimonios con niños que éstán también caminando (ya sea en los Alpes, en la campiña inglesa o donde sea). Y lo hacemos siempre con una mezcla de admiración, respeto y asombro. Porque si caminar ya de por si cuesta y siempre hay que hacer una serie de preparativos (por muy campiña inglesa que sea tienes que llevar una mochilita, un mapa, preparar la ruta, etc.), con niños los preparativos y las cosas que hay que llevar se multiplican por 15.

Lo bueno de caminar solo es que una vez que te pones en el camino, se te olvidan los problemas. Es el camino y tu, más la compañía que lleves. Te olvidas de todo y te concentras en el paisaje, o en la conversación. En otras palabras, te concentras en disfrutar. Con niños no puedes pensar en ti mismo. Los niños se aburren y se cansan y hay que hacer de todo para que no te monten un pollo, un tantrum, o un berrinche.

Un ejemplo de ello lo vimos en el Tour del Mont Blanc, al final del primer día. Por delante nuestro todo el rato iba una pareja joven, con dos niños, uno de un par de añitos, y una niña de 7 u 8 años. El padre llevaba una mochila grandota, con silla a la espalda, donde iba colocado el niño más pequeño. Mientras, la madre iba con la hija mayor todo el rato contándole cosas, inventando juegos, intentando a toda costa que se distrajera. Obviamente no habían andado 20 kms por las montañas, pero la sensación (por el lugar donde los encontramos) era que debían llevar un par de horas caminando, lo que para un niño pequeño es bastante.

La niña se portaba estupendamente: iba contenta, jugando con su madre, correteando por aquí y por allá, parándose a coger flores.  A la madre también se la veía entretenida y relajada. Las dos se reían mucho. En un momento dado, incluso empezaron a cantar juntas. El padre, con el otro niño al hombro, se volvía de vez en cuando y también participaba en la conversación (el niño pequeño iba dormido a la espalda). En resumen, una escena familiar idílica. El caso es que nosotros paramos un ratito a comer algo, y al cabo de media hora los volvimos a alcanzar. Sin embargo la escena había cambiado completamente. La niña lloraba como una descosida, la madre la llevaba a tirones del brazo, el padre se volvía a mirar para atrás cada vez más nervioso, con cara de medio crispado. La niña hizo ademán de sentarse en el suelo en plan “yo no doy un paso más” y la tensión se podía cortar con un cuchillo. La madre alzó la voz, el padre nos miró con cara de avergonzado… en fin… el día y la noche.

Eso fue lo que nos pasó el otro día en nuestro paseo por el White Horse Vale. Por delante iban un matrimonio con tres hijos. De nuevo el padre con uno a la espalda, y la madre con dos chicos de unos 6 años. De nuevo, la madre parecía ir riendo y hablando y jugando con los dos niños. De nuevo parecían estar disfrutando de un día estupendo de campo. Nosotros nos paramos un ratito y cuando seguimos el camino y pillamos a la familia, todo había cambiado. Uno de los dos niños (el rubio de la foto) estaba separado de la familia unos metros con cara de “nadie me quiere, nadie me hace caso”, mientras la madre estaba regañándole al otro, que estaba llorando como una magdalena. El padre miraba la escena desde un par de metros con cara de “hoy no teníamos que haber salido de casa”.

Hace unos días dije que si no te gusta el tiempo en Inglaterra sólo hay que esperar cinco minutos a que cambie. La conclusión es que con los niños pasa lo mismo: pueden estar maravillosamente bien y en cinco minutos montar un berrinche, tantrum o pollo de mil demonios… Por eso la gente que se “arriesga” a pasar un día entero en el campo con ellos, sin teles, sin play-stations, ni juguetes, sin nada más para distraerlos que su conversación y su propia imaginación me merece tanto respeto… Eso si que son huevos… y no subir el Everest en mitad de una tormenta.

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2 comentarios el “Berrinche en el campo”

  1. buenisimo Mateo, por eso nosotros como padres aprendimos que hay que hacer cosas que los ninios disfruten y la verdad olvidarse un poco de lo que se hacia “antes de ellos”………..asi es mi querido, cuadno uno tiene hijos TODO CAMBIA y los padres y su actividades pasan a tercer o cuarto plano…………

  2. Eyy preciosísima foto.


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